¿Llegará el día en que los smartphones desaparezcan?
por Movvel | 06-04-2025 | Tecnología
El smartphone se ha convertido en mucho más que un teléfono: es cámara, ordenador, GPS, banco, cartera, reproductor, herramienta de trabajo y llave de acceso a buena parte de nuestra vida digital. Por eso, cuando se habla de su desaparición, la pregunta interesante no es si aparecerá un dispositivo nuevo, sino si algún día dejaremos de necesitar llevar un teléfono con nosotros.
La respuesta, a día de hoy, parece bastante clara: el smartphone no está desapareciendo, pero sí está cambiando de papel.
Y eso se puede comprobar tanto en la evolución de la industria como en algo mucho más cercano: los dispositivos que llegan a un servicio técnico.
El smartphone no está muerto: el mercado sigue siendo enorme
Conviene empezar desmontando una idea bastante extendida. Que el smartphone esté madurando no significa que esté desapareciendo.
Según las previsiones de IDC, las ventas mundiales de smartphones se situaron en torno a los 1.250 millones de unidades en 2025, con un crecimiento anual estimado del 1,5 %.
Es decir, seguimos hablando de uno de los dispositivos electrónicos más importantes del planeta.
Lo que sí ha cambiado es el ritmo de innovación.
Durante años, cada generación introducía mejoras que justificaban claramente cambiar de teléfono: pantallas mucho mejores, cámaras notablemente superiores, nuevas redes móviles, procesadores más rápidos o diseños completamente diferentes.
Hoy las diferencias entre generaciones son, en muchos casos, más pequeñas.
Un teléfono de gama media o alta de hace tres o cuatro años puede seguir haciendo perfectamente aquello para lo que la mayoría de usuarios lo utiliza: WhatsApp, llamadas, redes sociales, fotografías, navegación, banca online, vídeo y aplicaciones de trabajo.
Y eso tiene una consecuencia evidente: si el teléfono antiguo sigue funcionando correctamente, resulta más difícil justificar la compra de uno nuevo.
El verdadero cambio: cada vez necesitamos menos cambiar de móvil
La evolución más interesante no está en que la gente haya dejado de utilizar smartphones, sino en que puede mantenerlos durante más tiempo.
La propia Unión Europea está impulsando precisamente esta tendencia.
Desde el 20 de junio de 2025 se aplican en la UE nuevas normas de ecodiseño para smartphones y tablets que introducen requisitos relacionados con resistencia, reparación, disponibilidad de piezas y actualizaciones de software.
Entre otras medidas, los fabricantes deben garantizar la disponibilidad de determinadas piezas durante años y ofrecer actualizaciones del sistema operativo durante un periodo mínimo establecido por la normativa.
El objetivo es bastante sencillo: que un teléfono no se convierta en residuo simplemente porque una pequeña pieza falla o porque el fabricante deja de actualizarlo.
Y aquí aparece uno de los cambios más importantes de la industria.
La vida útil de un smartphone ya no depende únicamente de cuánto aguante su hardware. También depende de cuánto tiempo siga siendo compatible y seguro.
El software se ha convertido en una de las claves de la vida útil
Hace unos años, comprar un móvil con varios años a sus espaldas podía significar quedarse rápidamente sin actualizaciones.
Eso está cambiando.
Un ejemplo muy claro es Google. Con los Pixel 8 y Pixel 8 Pro, la compañía anunció siete años de actualizaciones de sistema operativo, seguridad y nuevas funciones.
No significa que todos los smartphones vayan a recibir siete años de soporte, pero sí demuestra hacia dónde se está moviendo el sector.
Y es importante porque un teléfono que recibe actualizaciones durante muchos años puede seguir siendo útil mucho después de haber dejado de ser un modelo reciente.
Desde el punto de vista del usuario, esto cambia completamente la pregunta.
Antes era: «¿Cuándo debería cambiar de móvil?»
Cada vez más será: «¿Cuánto tiempo puede seguir siendo útil el que ya tengo?»
Entonces, ¿qué podría sustituir al smartphone?
Aquí empieza la parte realmente interesante.
No parece probable que un único dispositivo vaya a levantarse un día y sustituir al móvil de golpe.
Lo más probable es algo mucho más gradual: que determinadas funciones del smartphone vayan abandonando el teléfono y pasen a otros dispositivos.
Ya está ocurriendo.
- Los relojes inteligentes permiten consultar notificaciones, responder mensajes, realizar llamadas, utilizar mapas y controlar determinadas funciones sin sacar el teléfono del bolsillo.
- Los auriculares inalámbricos permiten interactuar con asistentes de voz y acceder a contenidos sin mirar una pantalla.
- Los ordenadores siguen absorbiendo muchas tareas profesionales que antes realizábamos directamente desde el móvil.
- Los nuevos dispositivos basados en inteligencia artificial están intentando reducir la necesidad de abrir aplicaciones y navegar por interfaces tradicionales.
IDC identificó precisamente en el MWC 2025 dos tendencias importantes en dispositivos móviles: la integración de la inteligencia artificial directamente en los dispositivos y la evolución de los formatos, incluyendo smartphones, ordenadores y wearables.
Pero hay una diferencia fundamental.
Que otros dispositivos hagan algunas cosas que hoy hacemos con el móvil no significa que puedan sustituirlo.
Todavía no.
El gran problema de sustituir al smartphone: todo está conectado a él
Imaginemos que mañana aparece un dispositivo fantástico.
Es pequeño, no necesita una gran pantalla, tiene inteligencia artificial, permite realizar llamadas, traducir conversaciones, consultar información y controlar nuestros dispositivos.
Aparentemente podría sustituir al teléfono.
Pero queda una pregunta mucho más complicada:
¿Dónde están tus aplicaciones, tus cuentas, tus fotos, tus conversaciones, tus certificados, tus métodos de pago y tus datos?
El smartphone se ha convertido en una pieza central de nuestra identidad digital.
No es únicamente un dispositivo de comunicación.
Es también el mecanismo con el que iniciamos sesión en servicios, autorizamos operaciones bancarias, recibimos códigos de verificación, utilizamos aplicaciones de autenticación y almacenamos fotografías y documentos.
Por eso sustituir el hardware es relativamente sencillo.
Sustituir todo el ecosistema es muchísimo más complicado.
La inteligencia artificial puede ser el verdadero punto de inflexión
Si existe una tecnología capaz de cambiar radicalmente la relación con el smartphone, probablemente sea la inteligencia artificial.
Pero no necesariamente porque vaya a eliminar el teléfono.
Puede ocurrir justo lo contrario.
La IA puede hacer que el smartphone deje de ser una colección de aplicaciones para convertirse en una interfaz mucho más sencilla.
En lugar de abrir una aplicación, buscar una función, copiar información y pasarla a otra aplicación, podríamos simplemente pedirle al dispositivo que realice una tarea.
Eso puede cambiar la forma de utilizar el teléfono sin necesidad de reemplazarlo físicamente.
El smartphone podría convertirse progresivamente en el centro de una red de dispositivos: reloj, auriculares, ordenador, coche, televisión, gafas y otros dispositivos conectados.
En ese escenario, el móvil no desaparecería.
Se convertiría en algo menos visible.
El taller también está viendo un cambio importante
En un servicio técnico hay algo que las estadísticas generales no siempre cuentan: qué hace que una persona decida reparar o sustituir su teléfono.
Y aquí hay una realidad bastante sencilla.
Un smartphone puede seguir funcionando durante años, pero una reparación puede cambiar completamente la decisión del propietario.
Una pantalla rota, un conector de carga deteriorado, una cámara que deja de funcionar, un problema de software o un golpe importante pueden hacer que el usuario se plantee si merece la pena seguir utilizando el dispositivo.
Precisamente por eso la reparación está adquiriendo cada vez más importancia.
Las nuevas normas europeas no se limitan a hablar de duración. También establecen requisitos relacionados con piezas de repuesto, desmontaje, información para reparadores profesionales y acceso al software necesario para determinadas reparaciones.
Incluso Google ha desarrollado herramientas como Repair Mode y ha ampliado el acceso a manuales y piezas para facilitar la reparación de determinados Pixel.
La dirección parece clara:
Un teléfono que puede repararse es un teléfono que puede mantenerse en circulación durante más tiempo.
Y hay otra señal: el mercado de segunda mano
Si los smartphones estuvieran realmente cerca de desaparecer, esperaríamos que el mercado de dispositivos usados estuviera perdiendo importancia.
Está ocurriendo lo contrario.
IDC estimó que los envíos mundiales de smartphones usados crecerían un 3,2 % en 2025, frente a un crecimiento previsto del 1 % para los smartphones nuevos.
La mejora de la calidad de los dispositivos reacondicionados, los programas de recompra y el interés por reducir costes están impulsando este mercado.
Esto tiene una lectura interesante.
Un teléfono ya no tiene necesariamente una única vida.
Puede pasar de su primer propietario a un segundo usuario, ser reparado, reacondicionado y volver al mercado.
La industria está empezando a parecerse menos a un modelo de «comprar, utilizar y tirar» y más a un modelo de mantener, reparar, reutilizar y revender.
Entonces, ¿desaparecerá el smartphone?
Probablemente algún día sí.
Pero no parece que vaya a ocurrir como en las películas.
No habrá necesariamente un momento concreto en el que todos dejemos el teléfono en un cajón y empecemos a utilizar otra cosa.
Lo más probable es que la transición sea gradual.
Primero delegaremos determinadas funciones en el reloj.
Después, en los auriculares.
Más adelante, quizá en gafas inteligentes u otros dispositivos que todavía no utilizamos de forma generalizada.
La inteligencia artificial hará que muchas tareas sean independientes de las aplicaciones tradicionales.
Y, mientras tanto, el smartphone continuará funcionando como centro de conexión entre todos ellos.
Por eso, el futuro del smartphone puede no ser desaparecer, sino dejar de ser el dispositivo que hacemos todo lo posible por mirar.
El verdadero final del smartphone no será tecnológico
Hay una última cuestión que suele olvidarse.
Para que abandonemos el smartphone no será suficiente con inventar algo técnicamente superior.
El sustituto tendrá que ser más cómodo.
Tendrá que ser fiable.
Tendrá que funcionar con nuestras cuentas y servicios.
Tendrá que permitirnos comunicarnos.
Tendrá que gestionar nuestras fotografías y documentos.
Tendrá que ofrecer una alternativa convincente a la pantalla.
Y, probablemente lo más importante, tendrá que conseguir que millones de personas quieran utilizarlo.
Hasta que eso ocurra, el smartphone seguirá siendo difícil de sustituir.
La conclusión de Movvel
En Movvel lo vemos desde una perspectiva muy sencilla: la tecnología cambia constantemente, pero los usuarios no cambian de dispositivo porque aparezca algo nuevo. Lo hacen cuando el nuevo dispositivo resuelve mejor un problema que el anterior.
Por eso no apostamos por una fecha para la desaparición del smartphone.
A día de hoy, los datos apuntan más bien a otra cosa: el teléfono está entrando en una etapa de madurez, con ciclos de renovación más largos, mayor importancia de la reparación y nuevos dispositivos que empiezan a repartir las funciones que antes concentraba exclusivamente el móvil.
Quizá dentro de diez o quince años no llevemos un smartphone exactamente como el de hoy.
Pero probablemente seguiremos llevando algo que haga lo mismo que hoy hace nuestro teléfono: mantenernos conectados con las personas, los servicios y nuestra vida digital.
Y esa es la parte verdaderamente interesante.
Puede que desaparezca el smartphone que conocemos. Lo difícil será que desaparezca la necesidad de estar conectados.
Fuentes
- IDC – Worldwide Smartphone Market Share.
- Comisión Europea – Nuevas normas de ecodiseño para smartphones y tablets, aplicables desde junio de 2025.
- Google – Política de actualizaciones de siete años para Pixel 8 y Pixel 8 Pro.
- IDC – Evolución del mercado mundial de smartphones de segunda mano.
- IDC – Tendencias de dispositivos móviles analizadas en MWC 2025.
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